Así comenzó el proceso: una cartografía viva de Las Cruces

Antes de las cámaras, antes del resultado final y de todo lo que el público llegará a ver, existe un primer paso fundamental: el encuentro con el territorio, la memoria y las historias que le dan sentido a una comunidad.

En este primer taller nos reunimos para mirar el barrio con otros ojos. Nos detuvimos a recorrerlo más allá de lo cotidiano, a sentir sus calles, a escuchar sus voces y a reconocer esos detalles que muchas veces pasan desapercibidos. A través de una cartografía viva, construida colectivamente por quienes habitan el territorio, empezamos a tejer un mapa que no solo ubica lugares, sino que también guarda emociones, recuerdos y experiencias.

Este ejercicio fue mucho más que dibujar: fue un espacio de diálogo, de confianza y de reconocimiento mutuo. Cada participante aportó desde su historia, desde su manera de habitar el barrio, dejando en el mapa huellas que hablan de identidad, de transformación y de resistencia. Así, cada trazo se convirtió en una memoria compartida; cada punto, en un lugar significativo; y cada palabra, en una forma de nombrar lo que somos como comunidad.

La cartografía resultante no es un mapa convencional. Es un mapa vivo, en constante construcción, que refleja las dinámicas, los afectos y las tensiones del territorio. Es también una herramienta para comprendernos, para reconocernos y para resignificar los espacios que habitamos día a día.

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