En distintos espacios de formación artística en el barrio las cruces y Girardot, la danza se consolida como una herramienta clave para el desarrollo personal y emocional de los jóvenes. Más allá de lo estético, esta práctica permite expresar sentimientos, liberar tensiones y fortalecer la conexión con el propio cuerpo.A través del movimiento, los participantes encuentran una forma auténtica de comunicarse, explorando emociones que muchas veces no logran expresar con palabras. Este proceso no solo impulsa la creatividad, sino que también contribuye al fortalecimiento de la autoestima, la confianza y el amor propio.Expertos y formadores coinciden en que la danza genera entornos seguros donde los jóvenes pueden reconocerse, superar inseguridades y construir relaciones más sanas con los demás. Asimismo, fomenta valores como el respeto, la empatía y el trabajo en equipo, elementos fundamentales para el desarrollo social.

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